martes, 15 de enero de 2013

Los Increíbles

Yo siempre he sido muy cínica. Muy de creer, con todo el descaro del mundo, que nadie ha sufrido más que yo, que nadie está más por encima del bien y del mal que yo, que nadie es más listo, más irónico, más interesante, más profundo... más alto, más rubio y con los ojos más azules que yo. Que poca o ninguna persona de este mundo se merece mi sincera amistad o mi afectada preocupación. He sido una diva del dolor y super-drama-queen hasta hace bien poco. Todo así como muy El Crepúsculo de los Dioses, no era yo la que tenía un problema, era el mundo el que lo tenía conmigo y yo no tenía tiempo ni ganas de solucionar problemitas ni soportar fútiles lloriqueos ajenos. Viva y bravo, aplausos, reverencia.





Y así año tras año tras año. Y no os creáis que tengo pocos. Aún con todo, gracias (o por culpa de) mi estúpido deambular por la vida, me he deshecho de mucho lastre. Gente-peso que intoxica y gasea. Todos fuera y bien que están donde están y donde no están. Pero... por los pelos se me caen dinamito también a los Increíbles. Los Increíbles son personas ladrillo. Gente que está debajo de capas de pintura, yeso y hormigón y que te mantiene en pie aunque no la veas. Son la argamasa, el material barato, el que no tienes en cuenta, el que si convulsionas del todo puedes llegar a quebrar, demoler y quedarte desnudito para siempre. Pero es el material más valiosísimo, es la base, es el sentido de todo, es lo que vale la pena. Son personas que aparecen cuando escarbas un poco, cuando paras un momento y observas la estructura de tu vida, cuando te miras los pies. Cuando menos te lo esperas, cuando casi has caído, te miras los cimientos y allí están, tus personas ladrillo. 
No sé lo que he hecho yo para que mis Increíbles hayan aparecido de debajo de las piedras y no hayan tenido en cuenta mi estupidez supina cuando he estado en mis momentos más bajos. Primos casi olvidados, amigos variopintos, compañeros de trabajos presentes y pasados. Me veo rodeada de gente a la que nunca he cuidado demasiado y me siento muy honrada, muy chiquitita y muy agradecida. Pero oigan, que tengo propósito de enmienda. Y no es propósito de año nuevo, como lo de ir al gimnasio o aprender chino... es propósito de vida nueva, y esas cosas no se dejan a medias porque algún angelito perdería sus alas y haría llorar al Niño Jesús.

jueves, 3 de enero de 2013

Pensamientos en el Ponts des Arts

Llevo pensando durante muchos años que yo no soy muchacha de besos. Besos. Besos que llevan un tercio de mi vida remoloneándome, rozándome, aterrizándome con la más tediosas de las perezas. Besos que no son besos, que son llamadas de atención, besos que son caricias a un perrito, besos sin salsa rosa ni azúcar, sin agri, sin dulce y muchos menos picante... besos sin pasión y con menos amor. Besos que escondían alguna lágrima que jamás fue descubierta, allí nació, resbaló y murió. Y jamás nadie lo supo. Besos que ni en la ciudad del vino y el amor se incendiaron de lujuria. Y yo siempre esquivándolos, devolviéndolos a base de golpes de una fugacidad encubierta con risas tontas y excusas de manual. No, yo no soy muchacha besos. De esos besos.
- "Pero sí de otros" - me susurró una gaviota que paseaba coqueta por la barandilla del Pont des Arts.

Y érase que se era una muchacha (en obras) que comenzó a sentir una imperiosa necesidad de besar aquí y allá. De abrazar, de tocar, de rozar, de experimentar, de saborearlo todo, como un bebé que comienza a distinguir los colores, las formas y su propia voz. Quiero besar, y que me besen. Que me abracen con fuerza, que la energía de otra piel sobre la mía me haga llorar. He pegado con cinta aislante y pattex los chakras que estaban rotos desde hace tanto tiempo y resulta que todo vuelve a su ser, que tengo un alma, que late más rápido y con más fuerza que mi corazón, que está viva, no murió, sólo estaba dormida, amordazada y encerrada a cal y canto dentro de un cajón oscuro perdido por ahí, por dentro de mí... 
                   

...y resultó que era yo quien tenía la llave.




lunes, 31 de diciembre de 2012

¿Cómo repartimos los amigos?

¿Os acordáis de esa canción de Ella baila sola así como guay que decía si nada es tuyo y nada es mío, ¿cómo repartimos los amigos?  Las petardillas de Marta y Marilia, sonrientes y encantadoras se sacaron de la manga un temita pegadizo, divertido y mega frívolo sobre el drama de las rupturas de pareja. Ays, hace doce años todo era más japi y todo nos reíamos un poco más de todo.
El caso es que el estribillo queda guay, pero la respuesta a las ocho veces que se hacen la misma preguntita se me hace obvia: los que rompen no pintan una mierda en el reparto de las cartas amiguetiles. Los amigos comunes se reparten ellos solitos basándose en cosas contadas a medias, situaciones que no han vivido y que entienden como pueden y quieren y la lastimica de la muerte negra del que cuente la versión de la tragedia en cuestión. Obvio también que el que deja siempre es el más malvado (exceptuando si es por unos cuernos) y el dejado es la Cenicienta, maltratada y llena de hollín tirada en un rincón y hablando a ratones costureros. 
Al final todo también se convierte en una puja al mejor postor. Una especie de eBayFriend en el que uno gana a unos amigos y el otro a otros dependiendo de quien defienda mejor sus argumentos, quien haga más visitas lacrimógenas a casas ajenas y quien sea el primero en confirmar su asistencia a los eventos comunes. "¡Mierda! Qué rápido es en contestar a los mensajes últimamente, otras cañitas que me pierdo..."







Según estudios científicos de comportamiento social de los individuos humanos, uno de cada diez dentistas clasifica a los amigos comunes tras una ruptura en las siguientes categorías:

- Amigos amantes de las nuevas tecnologías: ya sea por Whatsapp o por Facebook, te muestran su apoyo incondicional, te ofrecen su casa para que vayas a llorar cuando quieras y todo el amor del mundo #losientomucholavidasigue. Lo bueno de éstos es que, como estas cositas salen gratis, están online frecuentemente y se preocupan bastante más por ti que si tuvieran que hacerlo por SMS.

- Amigos telefónicos: te llaman y te dicen "ya me he enterado, ¿qué os ha pasado?" con la voz de la abuelita moribunda de Heidi. Estos amigos son más valorados socialmente por puro protocolo afectivo. Pero, aunque se agradezca escuchar una voz humana, quizás sean los menos prácticos. Porque por teléfono no puedes hacer Crt+C - Crtl+V y pegar la tragedia griega como harías con los amantes de las nuevas tecnologías. Aquí se trata del comodín de la llamada y tienes que relatar una y otra vez la dichosa tragedia, de una manera concisa y resumida, defender tu postura y tantear con quién se va a ir el llamante, con mamá o con papá.

- Amigos que te sacan: son los que no te llaman desde su sofacito para decir "hola, aquí estoy para lo que quieras", sino que mueven el culo, tocan al timbre y te dicen "aquí te espero, quítate el pijama cagando leches". Son amigos a los que no les puedes decir que no. Hombre, poder puedes, pero te va a dar lo mismo, porque te van a arrastrar a un bar y te van a poner una copa en la mano sí o sí. Y se lo agradecerás a los diez minutos de haber entrado y haberte bebido tu primera lágrima. Puedes contarles lo que sea, que vienen preparados para ello, ¡no te cortes y abusa!

- Amigos que son más amigos tuyos que de él/ella pero que pasan de ti: ley de vida, herman@. La gente se cae "pla-pla-pla", como en una fila de piezas de dominó puestas en pie. Si eres el dejador o el que ha puesto los cuernos, tienes todas las papeletas de que tu puja no llegue al precio de reserva y te toque buscarte otra gente. Son también denominados como "más se perdió en Cuba". No regrets, que decia el tío Robbie.

- Amigos de verdad: ¿que si existen? Haberlos haylos, como las meigas. Normalmente se tienen poquitos (de 2 a 3), pero en esta categoría, la calidad es inversamente proporcional a la cantidad. Este grupo no se basa (aunque debería) en la antigüedad de la amistad en cuestión o en la cercanía física, sino en un toma y daca de amor sin excusas, horarios, perezas o compromisos familiares de última hora.

Pero atiéndanme. ¡Que nadie se vaya a sentir ofendido, herido o vilipendiado por estas palabritas! Todos pertenecemos a según qué grupito dependiendo de la pareja de la que estemos tratando. Yo para unos pocos seré amiga de verdad y para la mayoría, amiga amante de las nuevas tecnologías (nunca telefónica, eso está clarinete). No por eso soy mala malísima, así son las relaciones y cuanto antes nos dejemos de sentir ofendidos por no ser "el mejor amigo de...", por aquello de "¿y por qué yo me he enterado el último?" o por esto de "qué fuerte que la Fulanita no se haya dignado a llamarme...",  mejor para ti, para mí, para la Fulanita y para que el mundo gire un poco más bonito.

Haced lo que podáis melones, pero siempre con amor, sonrisitas y unicornios, que no cuesta tanto. 
 ¡Feliz 2013!




martes, 25 de diciembre de 2012

¡¡¡Feliz Soledad!!!

En la Cosmo, en la tele, en el cine, en los libros, en casi todas las series. Se vende cuarto y mitad de mujeres treinteañeras, independientes, inteligentes, independientes, encantadoras, independientes, femeninas, independientes, muy seguras de sí mismas, independientes, cariñosas, independientes, felices con lo que han conseguido ellas solitas, independientes, sin necesidad de tener un novio rico al lado o un chófer de 18 a 21h. Independientes. Mujeres que sonríen y las nubes se abren, el tiempo se congela, los mares se separan a su paso. Mujeres de éxito, con ganas de comerse el mundo, de dar lo mejor de sí mismas, de coger a la vida por las solapas y zarandearla. Mujeres con un buen sueldo y unas buenas gafas de sol que nunca han ocultado una lágrima. El mundo palpita al ritmo de sus tacones, que clavan (sin duda, sin miedo, sin contener el aliento) en el asfalto por el día, en cuevas de música y amor por la noche. Mujeres solteras, con una casita a cuestas de paredes lisas, bañadas por la luz. De muebles blancos, de alfombra roja y sofá de piel. Mujeres de terciopelo y cuero, de satén y tweed. De sudor sexy en el gimnasio. Mujeres sin teléfono fijo, con su vida en el bolso y el corazón suturado, cicatrizado y guardado en una caja fuerte, con tres vueltas de cadena y candado FAC. Mujeres que son plenas con su soledad. Que la soledad para ellas es sinónimo de libertad. Que están solas porque quieren, porque ha sido su opción y nunca echan un vistazo atrás. Ni a los lados. Sólo miran al frente. 
Mujeres que han celebrado el día de hoy con amigas como ella, y son todas dichosas, y se emborrachan sin necesidad, porque quieren, porque les apetece, no porque tengan nada que olvidar, o que curar, o de lo que redimirse.

Se vende cuarto y mitad. Las hay por todos lados, esto es el siglo XXI. Seguro que conoces a alguna.
Ayer yo cené con Robert Downey Jr. en su yate y me dio recuerdos para todos vosotros ;)


;)

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Finis mundi

La NASA ha dicho que nanai. Que nos olvidemos, que esto no se va a acabar por un cataclismo, por una estrella perdida que acabe dándose de bruces contra nuestro queridísimo y mimado planeta o por un cambio en la polaridad, o por una fastuosa tormenta de rayos y centellas siderales. Mi gozo en un pozo. Lo suyo hubiera sido acabar esto como se empezó, con un "pum".  Pero bueno, aún tengo fe en la causa zombie, que, quieras que no, es más divertido, más emocionante, y siempre queda aquello de "sobrevivirán los más fuertes, los más inteligentes, los más altos, los más guapos, los de los ojos más azules... los que más se lo merezcan. Todo así como muy darwiniano y nazi a la vez. Sea como sea, por una causa o por otra, yo sería la segunda en morir, lo sé. Sería la segunda porque la primera sería mi amiga M, que al huir de una horda de zombis se enredaría con sus propios pies y se rompería el fémur, clavándoselo fatalmente en algún órgano vital. Ella es muy de esas cosas.
El caso es que, si petamos este viernes... ¡qué putada! ¿Cuántas cosas piensas tú que te quedaban por hacer en esta vida? Yo nunca he sido de ésas de "quiero hacer nosecuantitos antes de morir". No tengo una lista porque simplemente pensar en ello me da mareos y acabo llorando o poniendo a Jorge Javier Vázquez para que me lobotomice lentamente. Me pasa como cuando piensas que, en este momento, mientras estás leyendo esto, hay miles de millones de personas que están haciendo otras cosas: personas que están naciendo, que están muriendo, que están leyendo, comiendo, llorando, follando, pensando en las musarañas, mirando la hora, rompiendo con su pareja, besándose con un desconocido, paseando al perro, apagando el despertador, siendo acribillado a balazos, bailando, jugando a la play, cocinando, yendo al trabajo, corriendo en la cinta, saliendo al patio de la cárcel, volando a otro país, pintándose las uñas, fumándose un porro, viendo Bob Esponja, haciendo magdalenas, viendo una peli o tocando la guitarra... En serio. ¿No te produce un mareo horrible pensarlo? A mí sí. Y lo de la lista casi que más. Porque me pongo a pensarlo y me siento frívola, materialista, egoísta y malvada, bastante malvada. En mi lista no estarían ni plantar un árbol, ni escribir un libro ni, por supuesto, ser madre. Ni ver amanecer. Amaneceres ya he visto muchos, no tengo gran interés por madrugar el día que se acabe el mundo. A no ser que Jake Gyllenhaal (RyanGoslin-ChristianBale-EdwardNorton-JohnnyDepp-BradPitt-AxlRose) me diga que quiere ver el amanecer a mi lado. Entonces venga nene, lo que tú quieras. Pero ya. Sí, claro, mi familia y mis amigos y bla bla. Pero ¿qué mas dará ya todo cuando no haya nadie al volante? Ya no podré quererles a todos más de lo que les he querido en estos taitantos años, así que al pedo. Yo quiero estar en Florencia y morir abrazada al David, que el pobre tendrá frío, así, a lo grande. O hacer botellón de Don Perignon y Papadeltas en el césped de El Retiro. Morir por sobredosis de croquetas al cabrales y jamón del pornográficamente caro. Besar todo y a todos sin temor a morir de sarna o de herpes. Caminar tranquilamente por encima de los coches a lo Richard Ashcroft. Salir a la calle vestida de Alicia  y cantar a gritos Since I don't have you bajo la lluvia. Morir viviendo, de una vez por todas.






martes, 18 de diciembre de 2012

Pikacho

Pikacho
Pikachu con mostacho

Amores de guasa(p)

Guasa(p)
Hola. Sí. Soy de esa clase de seres patéticos que no saben vivir sin su Aifon. Sí. El mío se llama Peter, tiene 16 GB es soltero y residente en Madrid.
Suenan las campanitas y yo, que era la única de la clase que suspendía Educación Física, salto hacia Peter haciendo un cuádruple mortal y esquivando la esquina del sofá cual bala en Matrix. Empieza a latirme el corazón cuando veo su nombre en la pantalla y los dedos empiezan a temblar. Fuck yeah, se ha acordado de mí. Me quiere, me ama. ¿Parqué o tarima? ¿Haremos boda de cocktail? ¿Le gustará el nombre de María para la primera criatura? Ah no, que no me escribe a mí, que escribe al grupo en el que estamos él y yo... y nueve personajes más. Mierda. Me odia, pasa de mí, me ignora. Lógico, soy una stalker, una pesada, le estoy agobiando. Borro su conversación. Nunca jamás volveré a escribirle. Bueno, si lo hace él primero sí. Tampoco es plan de ser maleducada, hay que contestar si tienen el detalle de escribirte. Además, ya tengo una edad. Sé manejarlo. Lo juro. No volveré a "quedarme con él" hasta las tres de la mañana, ni pensaré en él con cada suspiro, ni daré grititos de hámster ni pondré cara de idiota cada vez que Peter vibre en el bolsillo.
    Una semana después, cuando mis campanitas llevan una semana sin sonar y estoy marcando el número de AppleCare para una revisión médica de urgencia... cuando había empezado otra vez a respirar a un ritmo de ser humano normal, cuando las ojeras habían pasado de morado nazareno a gris tormenta y había dejado de escuchar baladas de mierda a todas horas, permitiéndome el lujo de colar alguna tema japi japi de Mika... Cuando estoy a punto de superar el mayor mono de mi vida... van las malditas campanas y hacen tilín.
    Es un tira y afloja, es el cuento de nunca acabar o el de acabar mu chungo. Uno de cada doscientos cincuenta acabará bien y todos lo veremos en "El diario de Patricia". Nena, somos de letras, pero aún así no es difícil darte cuenta de lo que hay y de que eres, de que somos, las mejores recogemigajas de la capital del reino. Deberían darnos un fucking diploma.

O al menos un bocata, cocacola y una palmadita en la espalda como cuando donas sangre.